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El hogar del último puente tejido a mano


Fuente: El Comercio - Fecha: 6 de septiembre de 2017 - Foto: perunoticias.net

Con la intención de honrar a los apus, durante la segunda semana de junio de cada año, cientos de lugareños del distrito Quechua, en Cusco, se reúnen para tejer a mano un nuevo puente Q'eswachaka, el cual cruza con sus cuerdas 38 metros por encima del río Apurímac, destaca la serie de YouTube Great Big Story.

"El puente Q'eswachaka es el último tejido a mano. Los apus nos han dicho que cada año se debe de cambiar para que se vea bonito y brillante como si fuera de oro", dice el maestro constructor Eleuterio Callo Tapia. "El puente ha estado aquí desde los tiempos incaicos, por eso estamos orgullosos de nuestro puente Q'eswachaka", agrega.

Callo Tapia es quien lidera a las personas que construyen el puente a mano. Trabaja junto al ingeniero de edificios Victoriano Arizapana. Cada uno emite sus órdenes desde un extremo del puente, el cual es erigido en su totalidad con productos naturales. "No usamos remaches, ni concreto, ni ningún tipo de maquinaria", anota al maestro Eleuterio.

El puente se compone de cuatro cuerdas gruesas y dos que funcionan de barandillas de 38 metros de largo que son tejidas a mano. Cada participante de su fabricación tiene que ofrecer 40 brazadas de cuerda. "Esta es la cantidad obligatoria para el puente y todo el mundo lo sabe", explica Arizapana.

Las cuerdas se fabrican con paja. Los lugareños la cortan del campo, secan y trituran contra una piedra para suavizarla. Luego la retuercen utilizando agua para después llevarla a la carretera y allí, en una gran trabajo comunitario, se dediquen a trenzar todas las cuerdas.

Antes de empezar a construir, todos los participantes realizan una ofrenda a los apus y rezan para obtener bendiciones, de lo contrario, creen, "podría suceder algo".

Para construir, las cuerdas nuevas son pasadas a través del puente viejo. Solo entonces, se empieza a desatar el antiguo puente para luego ir tirando más cuerdas, las mismas que se utilizan para pasar al otro extremo en un camino peligroso y que intimida a cualquiera, pues está el riesgo de caer al río.

Luego inicia el proceso de tejido. En dos grupos, de extremo a extremo, los lugareños avanzan por las cuerdas 'desnudas' caminando hacia el centro mientras trenzan las 'paredes' del puente. Cómo es lógico, el trabajo termina cuando ambos grupos se encuentran.

El nuevo puente siempre es celebrado con bailes y cantos. Y eso es porque cada uno de quienes participan en su construcción se siente orgulloso de su esfuerzo y el producto conseguido.

"Me encanta el puente, y ahora mismo estoy orgulloso y feliz de que esté siendo renovado", dice Arizapana. "He estado haciendo esto durante unos 40 años. Mi abuelo lo hizo, entonces mi padre lo siguió y yo continúo haciéndolo hasta hoy. Vamos a preservar [la tradición] para siempre".